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viernes, 18 de septiembre de 2015

Camisa valona

La valona es un tipo de cuello de origen flamenco que apareció hacia finales del siglo XVI y vino a sustituir a la gorguera; su uso se generalizó a partir de 1620 y fue usado tanto por hombres como por mujeres.
El cuello a la valona consistía en una tira estrecha de tejido almidonado, generalmente lino o lienzo, que caía sobre la espalda y los hombros, cubriendo parte del pecho. Era habitual que se ornamentasen sus extremos con randas, tiras de encaje de bolillos muy elaboradas. El encaje más valorado era el flamenco, ya que era ligero y delicado, y estaba hecho con hilos más finos y más abiertos que los patrones de encaje italiano.
Por lo general este cuello no iba unido a la camisa, se dejaba suelto porque así era más cómodo lavarlo y mantenerlo siempre a punto. Se solía sujetar al jubón mediante unas puntadas, o llevaba un cordón que permitía anudarlo alrededor del cuello.



Ésta es una camisa de algodón con cuello valona intercambiable que va a ser usado para recreación de Tercios Españoles.

miércoles, 1 de julio de 2015

La estola

Los ornamentos litúrgicos de hoy tienen sus orígenes en los ornamentos sacerdotales y levíticos de la Antigua Ley y luego en las antiguas vestiduras de los nobles romanos. Están destinados a la celebración de los santos misterios de la fe cristiana,entrañan un alto sentido espiritual, tienen una funcionalidad ritual y un carácter distintivo en el orden de los ministros. 


Dentro de los ornamentos litúrgicos sobresale, aunque no sea muy evidente a la vista, la estola. La estola es una vestidura rectangular, larga y estrecha que pasa por el cuello y el pecho; la llevan presbíteros y diáconos ajustada con el cíngulo sobre el alba y bajo la casulla. La estola es del mismo color de la casulla y se prescribe su uso en la misa y los sacramentos. En el caso de los diáconos la estola va cruzada del hombro izquierdo por delante y por detrás a la parte derecha de la cintura. 


Se trata de una prenda derivada del manto de oración hebreo, de carácter solemne, que se usaba para tapar o enjugar la cara. Su nombre latino era orarium, que se puede hacer derivar deorare (hablar, predicar) -de aquí la palabra oratoria-, convirtiéndose este ornamento en una insignia de los predicadores. A partir del siglo XII no se utilizó más el término orarium, sino estola.


Después de la reforma litúrgica del Vaticano II se regresa al uso original de llevar la estola bajo la casulla pendiendo ambos lados del cuello perpendiculares y paralelos. Hasta entonces y desde la alta Edad Media, se llevaba cruzada o en forma de X, siempre debajo de la casulla.


lunes, 8 de junio de 2015

Liripipe

Como "liripipe" se identificó a la parte terminal o punta de la capucha (“chaperón”, “capirote”, “capirón”), tocado usado entre los siglos XII y XV. Esta extensión tuvo diversos largos y se llevaba envolviendo el cuello, enrollada en la propia caperuza o colgando en la espalda.


El origen de la capucha se encuentra en los mantos con tela añadida a los hombros, que aparecen en la antigüedad tardía con el objetivo utilitario de cubrir la cabeza para resguardarla del frío, lluvia o nieve. A finales del siglo XII la pieza que cubre la cabeza se convierte en capucha, acompañada de una capa con diversos largos siendo usada, sobre todo, por campesinos, viajeros y monjes.

Según Boucher, cuando la capucha se independiza de la capa y se une a una pelerina corta que cubre solamente los hombros, se identifica como “caperuza” (Boucher; 1967: 428), prenda que otros, como se señala arriba, identifican como “capirón” o “capirote”.
A partir de finales del siglo XIII, el extremo de esta capucha, caperuza o capirote, comienza a prolongarse en sus dimensiones. Recordemos que por esa época, como parte de las primeras manifestaciones de la fantasía en el vestir, se prolongan las mangas de las sobrecotas, el largo general de las vestiduras y... el final de las capuchas, apareciendo el 'liripipe'.


La palabra proviene del latín medieval “liripipium, iripipium, leropipium” y en inglés también se conoció como 'tippit' y en francés 'cornette'; en español lo más común es identificar la prenda completa, como capucha con liripipe.


Más tarde la capucha se convirtió en sombrero, al colocarse la abertura destinada a introducir el rostro, como parte para colocarla en la cabeza. Así quedó mucho tejido ‘suelto’ incluyendo el liripipe, enrollándose todo alrededor de la cabeza y dando lugar a uno de los tocados masculinos más típicos de la moda de Borgoña del siglo XV.


Antes de que esto sucediera, la capucha extendió su uso convirtiéndose en moda y multiplicando tanto su decoración y forma como la manera de colocarla. Podía llevarse sin ser colocada la capucha, cayendo sobre la espalda, la pelerina o capa corta se decoraba tanto su fondo como sus extremos, que podían ser festonados, adornados con flecos...entre otras aplicaciones.


Para su realización podía utilizarse diversos materiales, generalmente era forrada y confeccionada en lana, aunque para las temporadas de menos frío podía ser de tejidos más ligeros...el largo del 'liripipe' se convirtió en elemento de distinción de quien lo llevara, quedando, posteriormente, como elemento que adornaba ciertos tocados y categorías de los académicos.


miércoles, 8 de abril de 2015

Ropas eclesiásticas en la Edad Media

La Iglesia antes del tiempo de Constantino no conocía distinción entre la indumentaria secular y la religiosa, aunque puede entenderse que la segunda era dignificada y rica, lo que se demuestra por las representaciones en las catacumbas. Pero el crecimiento de la autoridad del clero, el aumento de la estima por la liturgia, su progresivo desarrollo y la continua especialización de la indumentaria oficial, se combinaron en favor del uso de materiales más ricos y variados que denotaran la diferencia de rango entre el clero, aunque todavía no se trataba de una cuestión sobre una clase distintiva. La indumentaria eclesiástica se hizo peculiar en un sentido estricto cuando, bajo la influencia de la emigración de las tribus germánicas, las costumbres y las formas del mundo antiguo desaparecieron y la indumentaria medieval, más conveniente, la sustituyó.
La iglesia comenzó a regular la vestimenta eclesiástica sobre el siglo VI, cuando el Consejo de Braga dictaminó que los sacerdotes estaban obligados a vestir una túnica que llegara a los pies, en contraste con las calzas o las piernas desnudas de los laicos.Sin embargo, la historia de las vestiduras eclesiásticas en la Edad Media no muestra gruesas divisiones. 


Vestimenta del clero
Porque fue regulado por la iglesia, la forma básica de la vestimenta eclesiástica seguía siendo más o menos constante. Una túnica talar llamada alba fue la prenda básica, que podía ir ceñida alrededor de la cintura con un cinturón simple. Cuando presidían la misa, una prenda exterior se llevaba sobre el alba llamada dalmática (una túnica de manga larga) o una casulla (una capa sin mangas). Una tira larga de tela llamada estola era puesta sobre los hombros, completando el atuendo. En la vida cotidiana, el derecho canónico requería a los sacerdotes vestir con ropa simple y sobria.


Vestimenta monástica
Los monjes llevaban un hábito más sencillo que el de los sacerdotes, sin los ornamentos rituales elaborados utilizados en la misa. El hábito variaba según la orden monástica pero el vestido básico consistía en una túnica larga, generalmente de lana, con una capucha y una simple correa. A veces las órdenes monásticas fueron identificadas por el color de sus vestiduras. Debido a esto, la orden de los dominicos a veces fue conocida como la de los "frailes negros", mientras que los franciscanos eran conocidos como los "frailes grises".



Vestimenta episcopal y papal
Los trajes formales de obispos y otros funcionarios de la iglesia eran incluso más elaborados que la indumentaria litúrgica de los sacerdotes. Los obispos a menudo llevaban una capa de seda pesada llamada "cappa", acompañada de un sombrero alto y puntiagudo llamado mitra. Las vestiduras episcopales podrían estar elaboradamente decoradas y sus batas y báculos, o croziers, estaban adornados con oro y piedras preciosas. El oficio del arzobispo era representado por una estrecha prenda tipo bufanda llamada palio que a menudo era usada libremente alrededor del cuello. El vestido litúrgico más elaborado fue usado por los papas e incluía desde el siglo XII en adelante, una corona alta llamada tiara.


miércoles, 4 de febrero de 2015

El carnaval y su simbología


Se dice que esta celebración tiene sus orígenes en los rituales paganos a Baco, el dios del vino, también en los festines en honor al buey Apis en Egipto o en las "saturnalias" romanas en honor al dios Saturno; algunos historiadores precisan que los primeros carnavales se remontan a la antigua Sumeria hace más de cinco mil años. La verdad es que hay certezas de que el hombre ya se ponía máscaras en el Paleolítico.
Para entender la razón por la que la persona humana ornamenta su cuerpo con vestuarios y máscaras, hay que buscar el sentido por el cual las tribus africanas usan indumentarias rituales o porqué las tribus maoríes se tatúan. El sentido va mucho más allá del simple cambio de ropa, es una búsqueda de la unión perdida con la divinidad.


Los rituales báquicos de la Antigua Roma no sólo dieron lugar al teatro griego sino que el contacto entre el paganismo y la sociedad cristiana medieval originó unas celebraciones carnavalescas con mucho auge. Durante el Renacimiento, estas fiestas se fueron introduciendo también en las cortes europeas, con el consiguiente refinamiento de la celebración (ligada más al teatro, la danza y la música). La fiesta de Carnaval llegó a su máximo esplendor en el siglo XVI en la Florencia de los Médici, con danzas, largos desfiles, carros alegóricos y espectaculares vestidos.


La costumbre de disfrazarse en determinados días acabó convirtiéndose en una excusa para realizar bromas en lugares públicos. Con el correr de los años, el carnaval fue adoptando estilos diferentes según cada país (en América incorporó elementos aborígenes y ribetes místicos precolombinos). Hoy, los escenarios dónde se desarrolla, atrae a miles de turistas de otras latitudes para vibrar y cantar con el paso de las comparsas, alejándose de su significado religioso original de búsqueda divina.
Cómo se ha pasado de la solemnidad del vestido ritual a la superficialidad de la fiesta y el desmadre, es un proceso que sólo puede entenderse estudiando la evolución de la sociedad.




martes, 27 de enero de 2015

La saya femenina en los ss XII y XIII

La saya se vestía siempre sobre la camisa interior y solía llevar encima un segundo vestido o manto (sólo las mujeres de modesta condición llevaban un solo vestido). Esta prenda puede presentarse de muchas maneras diferentes, sobretodo según la geografía, la profesión y el estatus.

La saya más sencilla tenía exactamente el mismo corte que la saya masculina, aunque más larga.Una de ellas sería con las mangas plisadas, cuello amigaut y hechura holgada, ceñida con un cinturón.


Una variante de la saya holgada para mujer podía ser la forma de las mangas. El gusto por las mangas anchas alcanzó su auge en el siglo XII, se acampanaban desde el codo o desde el antebrazo, dejando ver la camisa interior.


La evolución de la moda durante el siglo XIII dio lugar a un tipo de saya ajustada mediante aberturas encordadas, laterales o traseras. Aunque intentó prohibirse, tuvo gran aceptación tanto en hombres como en mujeres ya que buscaba realzar la esbeltez de la cintura. En los trajes femeninos, los bordes de la abertura lateral quedaban a veces muy separados, dejando ver una buena parte de la camisa.
Una de las prendas más originales de la moda española del siglo XIII fueron las sayas ajustadas sin mangas, que permitían mostrar los ricos bordados de la camisa, o con mangas "cosedizas", que se unían al cuerpo destacando la pegadura con una guarnición.


El mismo tipo de saya ajustada pero con dos mangas largas y estrechas, colgadas de los hombros, era usado por las juglaresas.
La moda de las mangas perdidas (anudadas, colgantes o tubulares) era de origen oriental; se inició en el S.XII y continuó en el S.XIII, cuando el arranque de las mangas se elevó hasta los hombros quedando como simples adornos de tela. Se pueden vestir anudadas, colgantes o enrolladas en torno al brazo hasta el codo, dejando colgar la bocamanga. Que las juglaresas y las bailarinas las pusieran en sus túnicas es debido a que las mangas se prestaban para el juego de los brazos en ciertas danzas, por lo que no sería representativa de clases altas o muy humildes.


Otro tipo de saya con las mangas colgantes corresponde a un tipo social trabajador. Era un traje corto que dejaba asomar dos palmos de la camisa; sus mangas tubulares se anudaban sobre los hombros para poder manipular con mayor comodidad.

martes, 20 de enero de 2015

Tocados masculinos s.XIII

Se hacían de lana, tejiéndola, luego se abatanaba la tela (fieltro), se teñía y por último se daba forma con un molde prensándola. En algunas representaciones pictóricas podemos ver el rabito que queda en la parte superior tras tejerse. Los bonetes de lujos se recubrían con tela de seda o con terciopelo. Quedaba bien encajado en la cabeza y de llevar cordeles de sujeción estos eran cortos, lo suficiente para atarlos bajo la barbilla.
A finales del siglo XV aparece el gremio de los boneteros.

Cofia;
es el tocado más común para todos los hombres en todas las clases sociales. Era de tela, normalmente blanca y lisa, bajo el cual se recogían el pelo antes de ponerse el almófar. Los hallazgos hechos en Las Huelgas, revelan que también podía haber cofias forradas de pergamino o de lana o de seda bordada.


Cappiello; 
es de origen militar, inspirado en los yelmos cilíndricos y en las cofias de armar de principios del siglo XIII. Tenía forma cilíndrica y podía estar ricamente adornado, con pedrerías, corales u otros materiales preciosos. Junto a estas líneas vemos el de Fernando de la Cerda (1255-1275), conservado en el Museo de Las Huelgas de Burgos; tiene un armazón de lienzo y madera, seda, hilos metálicos, aljófares, corales y vidrios.

Bonete;
era de base redonda con la copa troncocónica (influencia italiana), cuadrangular o redondeada, alta o baja. Con el tiempo llegó a incorporar una pequeña vuelta más o menos ancha y, cuando el tocado estaba forrado por dentro, se veía la tela. A su vez podía tener algún corte, los cuales permitían llevar la vuelta hacia arriba sin hacer ningún frunce a la copa.
Lucido por la clase alta y los criados de éstos, siendo de adorno llegó un momento que se lucía por cualquier motivo, tanto en casa como en la calle. Se llevó directamente sobre el pelo o sobre la cofia. También formó conjunto con otros tocados como el sombrero o el turbante.
El bonete con aspecto de boina y sin vuelta quedó para uso de clérigos y físicos.

Capirote;
tocado en forma de capuchón, muy práctico como prenda de abrigo. Podían estar abiertos por delante y abotonados o completamente cerrados; la punta quedaba tiesa hacia arriba o doblada hacia abajo. Ello fue el punto de partida para las sucesivas transformaciones que sufrió este tocado a lo largo de los siglos XIV y XV.

Sombrero; 
lo llevaban caminantes, peregrinos, viajeros, albañiles, labradores y segadores para protegerse del sol. Se hallaban confeccionados en palma, paja, lana o fieltro, de copa semiesférica no muy pronunciada y dotadas de alas de mayor o menor amplitud.


martes, 28 de octubre de 2014

Breve historia de las cotas de malla

La cota de malla no es más que unos miles de anillos metálicos conectados entre sí formando un tejido flexible de metal. Esta armadura ha sido durante casi 2000 años la defensa corporal más utilizada en la batalla, ya sea con anillos entrelazados o alternando con placas, cuero, tejidos o cuernos.
Algunos hallazgos arqueológicos en la Europa sur-oriental permiten atribuir su invención a las tribus celtas de esa zona; una de las piezas mejor conservadas es la cota de malla encontrada en Ciumesti (Rumanía), datada del siglo IV aC. Más adelante, el uso de la cota de malla entre los celtas turcos (gálatas) es atestiguado por Apiano y Tito Livio en la batalla de Magnesia, 190 aC, cuando los celtas apoyaron a Antíoco III contra los romanos dirigidos por el cónsul Lucio Cornelio Escipión; a partir de ese momento fue cuando los romanos adoptaron esta armadura para sus tropas secundarias. Las legiones romanas extendieron su uso por todo el mundo con su famosa lorica hamata que solía estar fabricada con anillos verticales y horizontales de bronce o hierro, además de una protección añadida desde la mitad de la espalda hasta la parte frontal del torso. La lorica hamata coexistió durante un tiempo con la lorica segmentata, la versión de cota de malla con placas, pero fue la malla la principal armadura hasta mediados del siglo XIII.
En el Oriente Medio, en las culturas vikingas del norte, incluso en el Lejano Oriente, la cota de malla siguió usándose ampliamente hasta mediados del siglo XVIII pero, en Europa, las protecciones de placas fueron sustituyendo las cotas de malla. El último uso bélico que se les conoce fue en la Primera Guerra Mundial en la que fueron usadas por tanquistas. Aún hoy en día se usan como protección de guantes y petos para carniceros y también ante ataques de tiburones.

martes, 16 de septiembre de 2014

Camisa interior

Una de las túnicas más básicas, imprescindible para cualquier recreación histórica, es la camisa interior. Es posible que ya se llamara así desde el Imperio Romano porque con ella se dormía en la cama; sería el equivalente al camisón moderno.

En la baja Edad Media era ésta una túnica talar (hasta los talones), holgada y despegada del cuerpo, con mangas anchas, puños ajustados y nesgas romboidales en la sisa. El cuello de la camisa podía ser rematado en redondo, en tipo `amigaut` o simplemente encordado. El tejido que se usaba para estas prendas era el algodón o el lino, en colores blanco o crudo.
 Ya entrando en la alta Edad Media, el modelo de camisa evolucionó hacia una túnica más corta, entallada y ceñida mediante cordajes, de mangas largas y ajustadas a todo el brazo. En el caso de las camisas femeninas, encontramos ejemplos de una moda típicamente española que había de pasar al resto de Europa: los bordados con sedas de colores y, excepcionalmente, con hilos de oro y plata. Los trajes ampliamente escotados en las sisas permitían lucir estas ricas camisas margomadas.

martes, 19 de agosto de 2014

De calzas y bragas

Efectivamente, en la Edad Media la gente llevaba ropa interior; de hecho, san Isidoro de Sevilla (s.VII) afirma que "la vestidura más antigua fue el perizoma, un ceñidor que cubría la parte verenda del hombre".

Así pues, la primera prenda a vestir en los hombres son estos calzoncillos medievales llamados bracae, bragas, que cubrían desde la cintura hasta las rodillas y se sujetaban con un cinturón llamado braguero. Al braguero se sujetaban las calzas, que cubrían las piernas hasta medio muslo, mediante unas hebillas o ligas; se hacía un nudo que cogía conjuntamente las ligas, las calzas y la tela de las bragas para reforzar la sujeción.
Otro procedimiento para sujetar las calzas era enrollarlas y atarlas bajo la rodilla. Las llevaban de esta manera las gentes humildes como pastores, albañiles, labradores y soldados.

En lo que se refiere a prendas íntimas femeninas hay escasas referencias. Partiendo de las calzas conservadas de la Infanta María de Castilla (s.XIII), lo más probable es que cubriesen la pierna al completo, sujetas a la cintura mediante un cordón.
En general, el material usado para estas prendas era lino (lana muy fina o seda para altos estamentos) y el color común, blanco o sin teñir (verde, anaranjado, azul... para nobles y principales).
El hecho de que san Isidoro haga referencia a estas prendas en sus Etimologías, hace pensar que no sufrieron demasiada evolución durante los siglos medievales.