La historia de esta palabra data de abril de 1987, cuando K.W.Jeter la utilizó para referirse a su novela "Morlock Night"; actualmente el Steampunk engloba toda una subcultura en expansión.
La idea original de este movimiento parte de una Inglaterra victoriana, georgiana o eduardiana que incorpora adelantos técnicos como aeronaves y máquinas del tiempo. En el mundo Steampunk, la fuente principal de energía es el motor a vapor y la técnica sigue unos patrones decimonónicos basados en engranajes e intrincados sistemas de transmisión.
La moda Steampunk posiblemente esté basada en un aspecto central: el "crafting" o "do it yourself", que es básicamente la capacidad, no sólo de crear vestidos o ropas, sino toda una serie de artilugios, complementos y armas que forman parte de esta estética. Para definir un atuendo steampunk a grandes rasgos, podríamos nombrar algunos elementos como: monóculos y parches, goggles y relojes de bolsillo, sombreros y galeras, cinturones, fajas y corsés, chalecos, fracs y levitas, botas y polainas.
Las mujeres suelen llevar vestidos o trajes de dos piezas con corsé y suelen adornar su cabeza con algún tipo de sombrero o tocado. Para los hombres son típicas las levitas o trajes de tres piezas con sombreros de copa alta y bastones. En general, los materiales utilizados son la madera, el metal con remaches y el cuero en su color puro o marrón.
La clave de todo ello es que la mezcla tenga un aspecto antiguo pero que a la vez haya sido modificado con tecnología. En realidad, el Steampunk puede llegar a estar influenciado por muchas cosas mientras siga manteniendo el origen victoriano mezclado con la maquinaria; un lugar donde el futuro y el pasado se encuentran a partes iguales.
martes, 30 de septiembre de 2014
lunes, 22 de septiembre de 2014
Brave
Traje inspirado en el vestido de Mérida, la protagonista de Brave.
Está formado por dos prendas: la que se lleva debajo, más holgada y de un color crema, y la de encima, más ajustada y de un precioso verde azulado. Esta vestimenta deja entrever el carácter céltico de la Escocia medieval (época en la que se basa la película de animación) gracias a las mangas cosedizas de dos piezas y al encordado de la espalda.
Un vestido versátil tanto para reuniones de disfraces como para recreaciones medievales, incluso para su uso en el día a día.
martes, 16 de septiembre de 2014
Camisa interior
Una de las túnicas más básicas, imprescindible para cualquier recreación histórica, es la camisa interior. Es posible que ya se llamara así desde el Imperio Romano porque con ella se dormía en la cama; sería el equivalente al camisón moderno.
En la baja Edad Media era ésta una túnica talar (hasta los talones), holgada y despegada del cuerpo, con mangas anchas, puños ajustados y nesgas romboidales en la sisa. El cuello de la camisa podía ser rematado en redondo, en tipo `amigaut` o simplemente encordado. El tejido que se usaba para estas prendas era el algodón o el lino, en colores blanco o crudo.
Ya entrando en la alta Edad Media, el modelo de camisa evolucionó hacia una túnica más corta, entallada y ceñida mediante cordajes, de mangas largas y ajustadas a todo el brazo. En el caso de las camisas femeninas, encontramos ejemplos de una moda típicamente española que había de pasar al resto de Europa: los bordados con sedas de colores y, excepcionalmente, con hilos de oro y plata. Los trajes ampliamente escotados en las sisas permitían lucir estas ricas camisas margomadas.
En la baja Edad Media era ésta una túnica talar (hasta los talones), holgada y despegada del cuerpo, con mangas anchas, puños ajustados y nesgas romboidales en la sisa. El cuello de la camisa podía ser rematado en redondo, en tipo `amigaut` o simplemente encordado. El tejido que se usaba para estas prendas era el algodón o el lino, en colores blanco o crudo.
Ya entrando en la alta Edad Media, el modelo de camisa evolucionó hacia una túnica más corta, entallada y ceñida mediante cordajes, de mangas largas y ajustadas a todo el brazo. En el caso de las camisas femeninas, encontramos ejemplos de una moda típicamente española que había de pasar al resto de Europa: los bordados con sedas de colores y, excepcionalmente, con hilos de oro y plata. Los trajes ampliamente escotados en las sisas permitían lucir estas ricas camisas margomadas.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Los vestidos de Éowyn
Éowyn, hija de Éomund y Théodwyn, es también sobrina del rey Théoden de Rohan y, por ello, su vestuario debe tener un aspecto regio que combine a la vez con el toque medieval de los rohirrim.
El primer vestido con el que aparece Éowyn es una prenda de terciopelo verde ajustado al talle con unas mangas acampanadas desde el codo. Tiene un precioso cuello bordado en oro y una camisa interior que deja verse en los puños y en la parte delantera de la falda; ésta lleva hojas estampadas con hilo de oro, lo que le da ese aspecto brillante. Va complementado con un cinturón de filigranas doradas.
El vestido de lana blanca, que lleva antes de la batalla del abismo de Helm, recuerda las sayas medievales de mangas anchas; tiene unos lazos cruzados alrededor de los brazos al estilo anglosajón y un cuello en pico con bordados en oro y plata. Destaca también el delicado forro dorado que puede verse en en interior de las mangas y el cinturón largo con bordados.
Uno de los mejores vestidos que se diseñaron para Éowyn no sale nunca entero en ningún plano (¡para desespero de sus diseñadores!). Se trata de un traje azul con margomaduras y pedrería medievales, con una prenda frontal separada y unas mangas anchas con aberturas para sacar los brazos. Es el vestido que lleva después de la victoria de Helm y va combinado con una capa celeste con mangas y cuello de piel.
Una de las escenas más conocidas es aquella en la que Éowyn empuña su espada y hace un molinete de esgrima, llegando a cruzar la espada con Aragorn. En ese momento, lleva una túnica de lino gris azulado con el cuello fruncido y las mangas recogidas con cuerdas; encima lleva una prenda de color cuero sin mangas cordada a los lados. Esta túnica gris la lleva en otras ocasiones combinada con una especie de corsé marrón con detalles bordados en ocre.
Todo este excelente diseño es fruto de la diseñadora Ngila Dickson y su excelente equipo de costureras, bordadoras y tejedoras.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Un extraño visitante
Poco sabemos de este nuevo visitante excepto que ha acudido a nosotros en busca de ropa para el invierno. Parece ser primo tercero por parte de padre del famoso Kaiser von Welterrschaft, ese prohombre que perdió la vida en las garras de un tigre en África. Albert Leopold es un tipo alto, buen plantado y con el porte estilizado propio de sus ancestros; por el contrario, no parece haber heredado el frondoso bigote de sus camaradas del este. Hasta ahora ha demostrado ser un tipo racional de tranquilo temperamento aunque de carácter inflexible; parece una persona afable y próxima pero su lenguaje arcaico y su retórica enrevesadamente culta es difícil de seguir.
Según dice, vive en Koninberg dentro de una cabeza de hierro con piernas (suponemos que de un antiguo dispositivo de defensa) y se pasa el día restaurando y probando armas desintegradoras, una habilidad de la que hace gala. Por lo visto, su oficio de explorador no sólo le lleva a antiguas estancias llenas de polvareda en las que busca felizmente entre cofres y maquinarias, sino que también a viejas criptas dónde encontrar instrumentos y reliquias. Hay que decir que algunas de las cosas encontradas por Albert pertenecieron una vez a Morgan el Dorado, el pirata que mientras caía en un remolino juró perseguir de todo aquel que pusiese la mano sobre su tesoro. Pero parece que a nada teme le teme este descubridor de tuercas y mecanismos, excepto quizás a las días soleados del caluroso Mediterráneo.
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martes, 19 de agosto de 2014
De calzas y bragas
Efectivamente, en la Edad Media la gente llevaba ropa interior; de hecho, san Isidoro de Sevilla (s.VII) afirma que "la vestidura más antigua fue el perizoma, un ceñidor que cubría la parte verenda del hombre".
Así pues, la primera prenda a vestir en los hombres son estos calzoncillos medievales llamados bracae, bragas, que cubrían desde la cintura hasta las rodillas y se sujetaban con un cinturón llamado braguero. Al braguero se sujetaban las calzas, que cubrían las piernas hasta medio muslo, mediante unas hebillas o ligas; se hacía un nudo que cogía conjuntamente las ligas, las calzas y la tela de las bragas para reforzar la sujeción.
Otro procedimiento para sujetar las calzas era enrollarlas y atarlas bajo la rodilla. Las llevaban de esta manera las gentes humildes como pastores, albañiles, labradores y soldados.
En lo que se refiere a prendas íntimas femeninas hay escasas referencias. Partiendo de las calzas conservadas de la Infanta María de Castilla (s.XIII), lo más probable es que cubriesen la pierna al completo, sujetas a la cintura mediante un cordón.
En general, el material usado para estas prendas era lino (lana muy fina o seda para altos estamentos) y el color común, blanco o sin teñir (verde, anaranjado, azul... para nobles y principales).
El hecho de que san Isidoro haga referencia a estas prendas en sus Etimologías, hace pensar que no sufrieron demasiada evolución durante los siglos medievales.
Otro procedimiento para sujetar las calzas era enrollarlas y atarlas bajo la rodilla. Las llevaban de esta manera las gentes humildes como pastores, albañiles, labradores y soldados.
En lo que se refiere a prendas íntimas femeninas hay escasas referencias. Partiendo de las calzas conservadas de la Infanta María de Castilla (s.XIII), lo más probable es que cubriesen la pierna al completo, sujetas a la cintura mediante un cordón.
En general, el material usado para estas prendas era lino (lana muy fina o seda para altos estamentos) y el color común, blanco o sin teñir (verde, anaranjado, azul... para nobles y principales).
El hecho de que san Isidoro haga referencia a estas prendas en sus Etimologías, hace pensar que no sufrieron demasiada evolución durante los siglos medievales.
jueves, 14 de agosto de 2014
El mathomero y su problema
"Como dragón viejo estoy lejos y estoy cerca;
emprendo fácilmente el vuelo si no se me ata con mesura.
Tengo múltiples formas, olores y figuras;
llevo en mí el vigor del varón y de la hembra."
Así entonaba uno de los jóvenes dracónidas mientras exploraba una cueva del Tohu va Bohu, cuando le sorprendió una especie de nómada forastero de curiosa silueta.
-Ayúdame buen joven, pues ando buscando una tribu legendaria, la más experta en el trato con los dragones, que llaman los Dracónidas- le dijo.
-Tu buen sino te ha llevado hasta ellos, hombre de tierras lejanas. Dime, ¿en qué podemos ayudarte?- respondió el joven; entonces el forastero inició su relato.
Resultó ser un mathomero dragonero de más allá del lago Tunkashila que se dedicaba a encontrar y vender fragmentos de dragón. En uno de sus paseos había llegado a una aldea desolada por uno de los dragones corrompidos; esta bestia malhumorada y ávida de riquezas había sembrado el pánico y la destrucción en aquellos lares. Sabiendo de la existencia de los Dracónidas y de su habilidad para con los dragones, los aldeanos le habían enviado a él, un pobre vendedor ambulante, a implorar ayuda.
No era la primera vez que la gente acudía al pueblo dracónida por pequeñas escaramuzas con dragones pero hacía mucho tiempo que no habían tenido noticias de un dragón corrompido. Se presentaba una situación delicada pues estas criaturas, llevadas por la codicia, habían pervertido su naturaleza y viciado la finalidad de su existencia; convertidos a la mundanidad, utilizaban cualquier recurso que respondiese a sus caprichos.
Precavido, el joven dracónida llevó al mathomero ante los ancianos a quienes expuso la historia a lo que éstos insistieron en la necesidad de dos: la prevención de un eclipse lunar y la destreza dracónida de una de las mejores cazadoras, Aesch del Bohu del norte. Su capacidad para pasar desapercibida y su dominio en las diferentes personalidades de los dragones serían de gran ayuda para dominar a la bestia hasta que los sabios calculasen el día del eclipse para someterla del todo.
Lejano quedaba aún ese día mientras Aesch y el mathomero iniciaban su viaje en la que sería su primera gran aventura.
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