jueves, 5 de febrero de 2015

El frío más allá del Muro


Se dice que los inviernos de Hivernalia son terribles y difíciles de superar, ¿cómo pueden sobrevivir sus habitantes a tal clima helado? Y, no sólo ellos, también la llamada Guardia de la Noche debe protegerse como la que más del frío glaciar. Jon Nieve lo sabe bien, ya que se ha visto obligado a abrigarse de pies a cabeza desde que integró en esta sociedad.


Para empezar, debe mantener el calor en el torso, que es la parte del cuerpo que distribuye el calor al resto de extremidades. Para ello lleva (que sea visible) una camisa interior que antaño debía ser de un color crudo, una segunda prenda de piel oscura que le llega hasta las rodillas (parecido a un gambesón) y un jersey gris como de punto de lana. Le sigue un peto de cuero marrón atado a un lado mediante hebillas y una capa compuesta por lo que parecen ser dos prendas: una gruesa lana que le llega hasta los pies y un pelaje oscuro más corto que le cubre los hombros y la espalda. Como en el resto de los hombres de su región, la capa va sujeta con dos tiras de cuero cruzadas en el pecho.


Los pantalones son largos y negros, cubiertos por unas calzas de punto hasta las rodillas y unas tiras de cuero enrolladas a la pierna, que le sujetan todo a las botas. Para terminar, unos resistentes guantes de cuero le protegen las manos. Es curioso que no lleve ningún tipo de gorro, puesto que buena parte del calor corporal se pierde por la cabeza; será que no conoce la calentita “gorrofanda” de Hoja de Níspero...

miércoles, 4 de febrero de 2015

El carnaval y su simbología


Se dice que esta celebración tiene sus orígenes en los rituales paganos a Baco, el dios del vino, también en los festines en honor al buey Apis en Egipto o en las "saturnalias" romanas en honor al dios Saturno; algunos historiadores precisan que los primeros carnavales se remontan a la antigua Sumeria hace más de cinco mil años. La verdad es que hay certezas de que el hombre ya se ponía máscaras en el Paleolítico.
Para entender la razón por la que la persona humana ornamenta su cuerpo con vestuarios y máscaras, hay que buscar el sentido por el cual las tribus africanas usan indumentarias rituales o porqué las tribus maoríes se tatúan. El sentido va mucho más allá del simple cambio de ropa, es una búsqueda de la unión perdida con la divinidad.


Los rituales báquicos de la Antigua Roma no sólo dieron lugar al teatro griego sino que el contacto entre el paganismo y la sociedad cristiana medieval originó unas celebraciones carnavalescas con mucho auge. Durante el Renacimiento, estas fiestas se fueron introduciendo también en las cortes europeas, con el consiguiente refinamiento de la celebración (ligada más al teatro, la danza y la música). La fiesta de Carnaval llegó a su máximo esplendor en el siglo XVI en la Florencia de los Médici, con danzas, largos desfiles, carros alegóricos y espectaculares vestidos.


La costumbre de disfrazarse en determinados días acabó convirtiéndose en una excusa para realizar bromas en lugares públicos. Con el correr de los años, el carnaval fue adoptando estilos diferentes según cada país (en América incorporó elementos aborígenes y ribetes místicos precolombinos). Hoy, los escenarios dónde se desarrolla, atrae a miles de turistas de otras latitudes para vibrar y cantar con el paso de las comparsas, alejándose de su significado religioso original de búsqueda divina.
Cómo se ha pasado de la solemnidad del vestido ritual a la superficialidad de la fiesta y el desmadre, es un proceso que sólo puede entenderse estudiando la evolución de la sociedad.




martes, 27 de enero de 2015

La saya femenina en los ss XII y XIII

La saya se vestía siempre sobre la camisa interior y solía llevar encima un segundo vestido o manto (sólo las mujeres de modesta condición llevaban un solo vestido). Esta prenda puede presentarse de muchas maneras diferentes, sobretodo según la geografía, la profesión y el estatus.

La saya más sencilla tenía exactamente el mismo corte que la saya masculina, aunque más larga.Una de ellas sería con las mangas plisadas, cuello amigaut y hechura holgada, ceñida con un cinturón.


Una variante de la saya holgada para mujer podía ser la forma de las mangas. El gusto por las mangas anchas alcanzó su auge en el siglo XII, se acampanaban desde el codo o desde el antebrazo, dejando ver la camisa interior.


La evolución de la moda durante el siglo XIII dio lugar a un tipo de saya ajustada mediante aberturas encordadas, laterales o traseras. Aunque intentó prohibirse, tuvo gran aceptación tanto en hombres como en mujeres ya que buscaba realzar la esbeltez de la cintura. En los trajes femeninos, los bordes de la abertura lateral quedaban a veces muy separados, dejando ver una buena parte de la camisa.
Una de las prendas más originales de la moda española del siglo XIII fueron las sayas ajustadas sin mangas, que permitían mostrar los ricos bordados de la camisa, o con mangas "cosedizas", que se unían al cuerpo destacando la pegadura con una guarnición.


El mismo tipo de saya ajustada pero con dos mangas largas y estrechas, colgadas de los hombros, era usado por las juglaresas.
La moda de las mangas perdidas (anudadas, colgantes o tubulares) era de origen oriental; se inició en el S.XII y continuó en el S.XIII, cuando el arranque de las mangas se elevó hasta los hombros quedando como simples adornos de tela. Se pueden vestir anudadas, colgantes o enrolladas en torno al brazo hasta el codo, dejando colgar la bocamanga. Que las juglaresas y las bailarinas las pusieran en sus túnicas es debido a que las mangas se prestaban para el juego de los brazos en ciertas danzas, por lo que no sería representativa de clases altas o muy humildes.


Otro tipo de saya con las mangas colgantes corresponde a un tipo social trabajador. Era un traje corto que dejaba asomar dos palmos de la camisa; sus mangas tubulares se anudaban sobre los hombros para poder manipular con mayor comodidad.

domingo, 25 de enero de 2015

"Mr. Turner" y Jacqueline Durran


La diseñadora británica responsable del vestuario de "Ana Karenina" vuelve a la alfombra roja por su trabajo en "Mr Turner". Alabada por la crítica por su ambiente visual, la película, ha sido “vestida” con igual elegancia y sutileza. Jacqueline Durran creó una imagen vestimentaria contenida, con la justa distribución cromática, de texturas, que logra que la narración no se vea afectada por ninguna estridencia.


La monocromía propia de la indumentaria de los hombres de mediados del siglo XIX, ya inmerso en la “gran renuncia” es compensada con el discreto colorido de los conjuntos femeninos. Y no obstante la presencia del “uniforme gris” entre los académicos de pintura, la diseñadora logra, dentro de la unidad, brindar la variedad necesaria de acuerdo al carácter de cada personaje. La variedad de alturas y formas de las chisteras, del tipo de chaleco o color y colocación de las chalinas, ofrece un lienzo que, conjuntamente con los fondos y la perfecta fotografía, hacen de cada fotograma un especial lienzo de este artista.

"Into the woods" y Colleen Atwood


La diseñadora responsable del vestuario de "Eduardo Manostijeras", "Sweeney Todd" o "Chicago", entre otras, ha sido nominada nuevamente a los Oscar por la película "Into the woods".


Atwood nos brinda una lección de maestría en el trabajo creativo para evocar ambientes fantásticos. El trabajo de texturas, el control del color y, sobre todo, el sentido de unidad compositiva en cada aspecto de la imagen de esos personajes ubicados entre lo humano y lo irreal, es algo de que la diseñadora sabe hacer a la perfección.


Algunas atmósferas de vestimenta nos recuerda al trabajo que realizara con Burton para “Sleepy Hollow” (1999). Pero otras, son creaciones que evidencian el punto de partida de fusionar los personajes con el bosque, con los árboles..., algo que solamente se logra con un detallado artesanal que comienza con el diseño y se materializa con la cuidada selección de los materiales, la construcción artesanal de las prendas y una elaboradísima ambientación. En ello, sin duda, Colleen Atwood es una experta.




martes, 20 de enero de 2015

Tocados masculinos s.XIII

Se hacían de lana, tejiéndola, luego se abatanaba la tela (fieltro), se teñía y por último se daba forma con un molde prensándola. En algunas representaciones pictóricas podemos ver el rabito que queda en la parte superior tras tejerse. Los bonetes de lujos se recubrían con tela de seda o con terciopelo. Quedaba bien encajado en la cabeza y de llevar cordeles de sujeción estos eran cortos, lo suficiente para atarlos bajo la barbilla.
A finales del siglo XV aparece el gremio de los boneteros.

Cofia;
es el tocado más común para todos los hombres en todas las clases sociales. Era de tela, normalmente blanca y lisa, bajo el cual se recogían el pelo antes de ponerse el almófar. Los hallazgos hechos en Las Huelgas, revelan que también podía haber cofias forradas de pergamino o de lana o de seda bordada.


Cappiello; 
es de origen militar, inspirado en los yelmos cilíndricos y en las cofias de armar de principios del siglo XIII. Tenía forma cilíndrica y podía estar ricamente adornado, con pedrerías, corales u otros materiales preciosos. Junto a estas líneas vemos el de Fernando de la Cerda (1255-1275), conservado en el Museo de Las Huelgas de Burgos; tiene un armazón de lienzo y madera, seda, hilos metálicos, aljófares, corales y vidrios.

Bonete;
era de base redonda con la copa troncocónica (influencia italiana), cuadrangular o redondeada, alta o baja. Con el tiempo llegó a incorporar una pequeña vuelta más o menos ancha y, cuando el tocado estaba forrado por dentro, se veía la tela. A su vez podía tener algún corte, los cuales permitían llevar la vuelta hacia arriba sin hacer ningún frunce a la copa.
Lucido por la clase alta y los criados de éstos, siendo de adorno llegó un momento que se lucía por cualquier motivo, tanto en casa como en la calle. Se llevó directamente sobre el pelo o sobre la cofia. También formó conjunto con otros tocados como el sombrero o el turbante.
El bonete con aspecto de boina y sin vuelta quedó para uso de clérigos y físicos.

Capirote;
tocado en forma de capuchón, muy práctico como prenda de abrigo. Podían estar abiertos por delante y abotonados o completamente cerrados; la punta quedaba tiesa hacia arriba o doblada hacia abajo. Ello fue el punto de partida para las sucesivas transformaciones que sufrió este tocado a lo largo de los siglos XIV y XV.

Sombrero; 
lo llevaban caminantes, peregrinos, viajeros, albañiles, labradores y segadores para protegerse del sol. Se hallaban confeccionados en palma, paja, lana o fieltro, de copa semiesférica no muy pronunciada y dotadas de alas de mayor o menor amplitud.


jueves, 4 de diciembre de 2014

El Rey León, el musical

Darse una vuelta por una fiesta de disfraces puede obsequiarnos con algunas imágenes tan divertidas como la que sigue. Y es que, ¿cómo puede uno basar su personaje en un animal sin parecer un peluche gigante?
En El Rey León, el musical, la diseñadora Julie Taymor ideó una manera nueva de vestir a los actores que iban a dar vida a los animales. Y, aunque a veces la concepción del vestuario es demasiado disperso, ello le valió varios importantes premios como los “Tony” o “Molière”.


-Los leones y las leonas-
Para estos animales no se intentó disimular al actor que les daba vida, más bien al contrario: caminan erguidos, no se les tapa la cara ni los brazos y van vestidos con pantalones y otros adornos. El único elemento que realmente nos hace identificarlos como un león o una leona son las máscaras que llevan en la cabeza (muy acertado en el caso de los leones ya que su esplendorosa cabellera de plumachos centra toda la atención); estas máscaras tiene un ingenioso sistema para Mufasa y Skar con el que pueden inclinar la cabeza dejando la máscara delante de la cara del actor.


En cuanto al vestuario se usaron telas estampadas y teñidas a mano con colores muy saturados, claramente inspirados en la estética africana. Para los leones y las leonas, estas telas se usaron a modo de piel (a través de unas camisetas muy ajustadas) y para los pantalones bombachos y las faldas. Todos ellos llevan además una especie de corsé con pedrería de inspiración masai, además de otros complementos de bambú y cuentas africanas.


-Zazú y Timón-
Éstos son claramente actores que manejan marionetas, uno con un toco de pico rojo y otro con un suricata gigante. En el caso de Zazú, el actor lleva un bombín y un traje de dandi excéntrico en una gama de azules y, para Timón, la persona que lo maneja va vestido con una malla verde (un color que contrasta demasiado con el naranja de la marioneta).


Estos dos animales no son los únicos a modo de marionetas dirigidas por actores: prácticamente todos los animales secundarios usan el mismo sistema., consiguiendo una puesta en escena tan espectacular que pone los pelos de punta.

-Pumba y las hienas-
En esta ocasión sí que puede hablarse de peluches enormes que andan a cuatro patas; de hecho Pumba y las hienas son casi los únicos personajes que disimulan al actor que los interpreta. El aspecto más interesante de las hienas es la manera cómo simulan esa posición encorvada que tanto las caracteriza: con una especie de muletas en las manos.