lunes, 28 de abril de 2014

El pellote


El pellote es una prenda de vestir del s.XII y XIII y nada tiene que ver con el cactus alucinógeno de los nativos mejicanos, llamado "peyote".
Esta prenda talar utilizada en la Baja Edad media, solía ser de lana o lino grueso (ocasionalmente forrada de piel) y se vestía sobre la saya. La característica principal del pellote es la ausencia de mangas, con una gran abertura de la sisa; el tamaño de esta abertura nos puede indicar la época a la que pertenece, siendo más exagerada hacia principios del s.XIV.


viernes, 11 de abril de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

Sebastian

Traje del cangrejo de La Sirenita.

¡Wajo el maar! Nadie nos fríe ni nos cocina en una sartén

lunes, 24 de marzo de 2014

Capa maligna


Si te has pasado al lado oscuro de la fuerza y te consideras un malo malísimo peor que Darth Vader, ésta es tu "capa maligna".

sábado, 8 de marzo de 2014

Tópicos del vestuario medieval

La moda que se ha impuesto en espectáculos y recreaciones en base a una temática histórica, no le es ajena a nadie: actualmente hay al menos una feria “medieval” en cada pueblo o región. Todo buen mercader, actor, músico o saltimbanqui que desee participar en tales eventos debe vestirse, por tanto, para la ocasión. Así pues, ¿qué prenda o prendas se necesitarán para un buen atuendo? Una camisa ibicenca con pantalones bombachos no nos sirve. Una chilaba de todo a cien tampoco. Llegados a este punto, haríamos bien en conseguir una buena “túnica” o un buen “vestido medieval”.

Actualmente, en el mercado, podemos encontrar empresas por doquier que ofrecen un sencillo vestuario histórico de túnicas de toda clase que nos podrán solucionar el problema con rapidez. Pero, cuidado, hay que educar el ojo para no perdernos en una amplia gama de ropa que abarca desde el disfraz de monje al corpiño gótico con tachuelas. De ahí la necesidad de concretar algunos aspectos y, para ello, cogeremos como base el vestuario occidental del s.XII.

Empecemos, pues, por establecer una jerarquía de capas de ropa que, en una versión simplificada, podría resumirse en: prendas de debajo, de encima y de sobretodo.
o   En las de debajo son básicas las calzas y la túnica de tono claro. Las calzas, para los recreacionistas, serán hechas a medida de lino o algodón pero pueden ser sustituidas por leotardos de colores (no así por pantis de lycra, debido a su carácter transparente). En cuanto a la “túnica” de debajo, deberíamos procurarnos una de mangas ajustadas y falda holgada, de largo hasta los tobillos (en el caso de las mujeres) y de largo variable de rodillas a tobillos (para los hombres).
o   En las prendas de encima se encuentra el ancho abanico de lo que comúnmente se llaman “túnicas”. La riqueza de éstas se debe a su variabilidad de tipos de mangas (anchas, plisadas, abullonadas, sin mangas), de cuellos (cordados, cerrados, amigaut) o de acabados decorativos. Sería conveniente elegir una composición de algodón o lino en una gama de colores armonizados, evitando los azules y los tonos saturados.
o   Y, en el sobretodo, hallamos las prendas de abrigo como las capas que, aunque no sean de lana pura, deben dar una sensación de protección y resistencia.

Aquí, un cuarto punto debería ser el de los complementos de vestuario con los que podemos completar un traje “medieval”: gorros y tocados, zapatos discretos de suela plana y cinturón con limosnera. Estos complementos son los que nos permitirá crear el perfil de nuestro personaje del medioevo; aunque éste es un tema extenso que debe tratarse más adelante.

Finalmente, y para que el conjunto resulte atractivo, deben dejarse ver todas las ropas que forman el vestuario, cuidando siempre la combinación de colores. El resultado será un atuendo un poco más cercano al concepto “medieval” (teniendo en cuenta que la base partía del occidental del s. XII) y nos permitirá disfrutar de la caminata por las callejuelas del casco antiguo, entre tenderetes, trovadores y algún que otro habitante del futuro.

Camino que no hay que seguir





Por aquí mejor


Y excelente por aquí






martes, 25 de febrero de 2014

Lo llamamos Edad Media

Así nombraron los vanidosos renacentistas a una gran época de oscuridad e ignorancia, un tiempo que no había producido nada merecedor de ser estudiado. Este período de la historia gobernado por reyes, terratenientes y teocentristas, lleno de guerras, hambre y suciedad, podía ser fácilmente superado por la novedosa y definitiva visión humanista.
Bueno… A lo mejor no pasó exactamente así.
No, la sociedad medieval no estaba formada por paletos bajo el yugo del feudalismo y, no, la Inquisición no fue creada en esta época por religiosos ávidos de poder. Así, si intentamos una reflexión más profunda, veremos que muchos de los tópicos y prejuicios sobre la Edad Media, aún vigentes en la actualidad, no tienen fundamento histórico.
En primer lugar, hay que ser consciente de que la Edad Media se inicia sobre el siglo V y termina a mediados del XV; éste un período demasiado extenso como para obviar la riqueza y variedad del mundo medieval o ¿es que no hubo cambios y evoluciones en el pensamiento y la cultura durante 1000 años?! Hay que fijarse bien en como esos cambios fueron definiendo la sociedad durante la Edad Media; podemos observarlos, por ejemplo, en ámbitos arquitectónicos, musicales o pictóricos, aunque es en el vestuario dónde mejor se refleja la vida del Medioevo.
Una búsqueda en la red con las palabras ‘traje medieval’ o ‘vestido Edad Media’ puede darnos resultados de lo más variopintos y la cosa no mejora aún cuando concretamos la búsqueda en ‘túnica medieval s.X’.
Hay que tener en cuenta que la moda evolucionó a lo largo de los diez siglos que nos ocupan y, por lo tanto, nada tiene que ver la ropa de un campesino en el s.VII, de la del s.XII o de la de finales del XIV. En segundo lugar, hay que observar las diferencias modales según la situación geográfica o la religión: dista mucho la estética de un cristiano de Arles a la de un cristiano de Constantinopla, o la de un judío de Toledo a la de un árabe de Córdoba. Otro aspecto a considerar es el estatus social de los pobladores medievales, ya que esto proporcionará información sobre la calidad de los tejidos y la calidad de los ropajes. Y, aún observando estos tres aspectos, el estudio puede afinarse con la concreción del vestuario según el oficio, la edad y hasta ¡el estado de salud!
Ahora bien, la cosa se complica cuando la terminología moderna que aplicamos al mundo de la vestimenta no nos sirve para referirnos a las prendas de la época medieval. Así, por tanto, hablar de ‘túnica’ puede referirse a diversas prendas según forme parte de la ropa interior, de la ropa de encima o de la de abrigo; y, aún dentro de estas clasificaciones, el nombre de una ‘túnica’ puede cambiar según el tipo de mangas o el acabado de los bordados. A partir de ahí, hay que conocer más allá de lo que comúnmente llamamos ‘túnicas, capas, zapatos, armaduras…’; existen también muchos tipos de tocados, complementos militares, mantos…, por nombrar algunos.
En fin, nuestra visión del concepto ‘medieval’ debe cambiar para bien y permitirnos profundizar en este mundo lleno de tesoros y conocimientos. Son muchos los espectáculos o las películas consideradas de “inspiración histórica”, aunque no todas ellas se han ganado ese nombre; un buen ojo crítico nos permitirá disfrutar mucho más de la estética y las formas de la moda de la Edad Media.