Si te has pasado al lado oscuro de la fuerza y te consideras un malo malísimo peor que Darth Vader, ésta es tu "capa maligna".
lunes, 24 de marzo de 2014
Capa maligna
domingo, 9 de marzo de 2014
sábado, 8 de marzo de 2014
Tópicos del vestuario medieval
La moda que
se ha impuesto en espectáculos y recreaciones en base a una temática histórica,
no le es ajena a nadie: actualmente hay al menos una feria “medieval” en cada
pueblo o región. Todo buen mercader, actor, músico o saltimbanqui que desee
participar en tales eventos debe vestirse, por tanto, para la ocasión. Así
pues, ¿qué prenda o prendas se necesitarán para un buen atuendo? Una camisa
ibicenca con pantalones bombachos no nos sirve. Una chilaba de todo a cien
tampoco. Llegados a este punto, haríamos bien en conseguir una buena “túnica” o
un buen “vestido medieval”.
Actualmente, en el mercado, podemos encontrar empresas por doquier que ofrecen un sencillo vestuario histórico de túnicas de toda clase que nos podrán solucionar el problema con rapidez. Pero, cuidado, hay que educar el ojo para no perdernos en una amplia gama de ropa que abarca desde el disfraz de monje al corpiño gótico con tachuelas. De ahí la necesidad de concretar algunos aspectos y, para ello, cogeremos como base el vestuario occidental del s.XII.
Empecemos, pues, por establecer una jerarquía de capas de ropa que, en una versión simplificada, podría resumirse en: prendas de debajo, de encima y de sobretodo.
o
En las de debajo son básicas las calzas y la
túnica de tono claro. Las calzas, para los recreacionistas, serán hechas a
medida de lino o algodón pero pueden ser sustituidas por leotardos de colores
(no así por pantis de lycra, debido a su carácter transparente). En cuanto a la
“túnica” de debajo, deberíamos procurarnos una de mangas ajustadas y falda
holgada, de largo hasta los tobillos (en el caso de las mujeres) y de largo
variable de rodillas a tobillos (para los hombres).
o
En las prendas de encima se encuentra el ancho
abanico de lo que comúnmente se llaman “túnicas”. La riqueza de éstas se debe a
su variabilidad de tipos de mangas (anchas, plisadas, abullonadas, sin mangas),
de cuellos (cordados, cerrados, amigaut) o de acabados decorativos. Sería
conveniente elegir una composición de algodón o lino en una gama de colores
armonizados, evitando los azules y los tonos saturados.
o
Y, en el sobretodo, hallamos las prendas de
abrigo como las capas que, aunque no sean de lana pura, deben dar una sensación
de protección y resistencia.
Aquí, un cuarto punto debería
ser el de los complementos de vestuario con los que podemos completar un traje
“medieval”: gorros y tocados, zapatos discretos de suela plana y cinturón con
limosnera. Estos complementos son los que nos permitirá crear el perfil de
nuestro personaje del medioevo; aunque éste es un tema extenso que debe
tratarse más adelante.
Finalmente, y para que el
conjunto resulte atractivo, deben dejarse ver todas las ropas que forman el
vestuario, cuidando siempre la combinación de colores. El resultado será un
atuendo un poco más cercano al concepto “medieval” (teniendo en cuenta que la
base partía del occidental del s. XII) y nos permitirá disfrutar de la caminata
por las callejuelas del casco antiguo, entre tenderetes, trovadores y algún
que otro habitante del futuro.
Camino que no hay que seguir
Camino que no hay que seguir
Por aquí mejor
Y excelente por aquí
martes, 25 de febrero de 2014
Lo llamamos Edad Media
Así
nombraron los vanidosos renacentistas a una gran época de oscuridad e
ignorancia, un tiempo que no había producido nada merecedor de ser estudiado.
Este período de la historia gobernado por reyes, terratenientes y
teocentristas, lleno de guerras, hambre y suciedad, podía ser fácilmente
superado por la novedosa y definitiva visión humanista.
Bueno… A lo
mejor no pasó exactamente así.
No, la
sociedad medieval no estaba formada por paletos bajo el yugo del feudalismo y,
no, la Inquisición no fue creada en esta época por religiosos ávidos de poder.
Así, si intentamos una reflexión más profunda, veremos que muchos de los
tópicos y prejuicios sobre la Edad Media, aún vigentes en la actualidad, no
tienen fundamento histórico.
En primer
lugar, hay que ser consciente de que la Edad Media se inicia sobre el siglo V y
termina a mediados del XV; éste un período demasiado extenso como para obviar
la riqueza y variedad del mundo medieval o ¿es que no hubo cambios y
evoluciones en el pensamiento y la cultura durante 1000 años?! Hay que fijarse
bien en como esos cambios fueron definiendo la sociedad durante la Edad Media;
podemos observarlos, por ejemplo, en ámbitos arquitectónicos, musicales o
pictóricos, aunque es en el vestuario dónde mejor se refleja la vida del
Medioevo.
Una búsqueda
en la red con las palabras ‘traje medieval’ o ‘vestido Edad Media’ puede darnos
resultados de lo más variopintos y la cosa no mejora aún cuando concretamos la
búsqueda en ‘túnica medieval s.X’.
Hay que
tener en cuenta que la moda evolucionó a lo largo de los diez siglos que nos
ocupan y, por lo tanto, nada tiene que ver la ropa de un campesino en el s.VII,
de la del s.XII o de la de finales del XIV. En segundo lugar, hay que observar
las diferencias modales según la situación geográfica o la religión: dista
mucho la estética de un cristiano de Arles a la de un cristiano de
Constantinopla, o la de un judío de Toledo a la de un árabe de Córdoba. Otro
aspecto a considerar es el estatus social de los pobladores medievales, ya que esto
proporcionará información sobre la calidad de los tejidos y la calidad de los
ropajes. Y, aún observando estos tres aspectos, el estudio puede afinarse con
la concreción del vestuario según el oficio, la edad y hasta ¡el estado de
salud!
Ahora bien,
la cosa se complica cuando la terminología moderna que aplicamos al mundo de la
vestimenta no nos sirve para referirnos a las prendas de la época medieval.
Así, por tanto, hablar de ‘túnica’ puede referirse a diversas prendas según
forme parte de la ropa interior, de la ropa de encima o de la de abrigo; y, aún
dentro de estas clasificaciones, el nombre de una ‘túnica’ puede cambiar según
el tipo de mangas o el acabado de los bordados. A partir de ahí, hay que
conocer más allá de lo que comúnmente llamamos ‘túnicas, capas, zapatos,
armaduras…’; existen también muchos tipos de tocados, complementos militares,
mantos…, por nombrar algunos.
En fin,
nuestra visión del concepto ‘medieval’ debe cambiar para bien y permitirnos
profundizar en este mundo lleno de tesoros y conocimientos. Son muchos los
espectáculos o las películas consideradas de “inspiración histórica”, aunque no
todas ellas se han ganado ese nombre; un buen ojo crítico nos permitirá
disfrutar mucho más de la estética y las formas de la moda de la Edad Media.
martes, 20 de agosto de 2013
El hechicero
Cota de malla
lunes, 12 de agosto de 2013
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